La luna está hecha de queso

En 1546 John Heywood escribió en uno de sus proverbios The moon is made of greene [sic] cheese, es éste quizás el registro más antiguo que tenemos en el que se compara la luna con un queso. Los proverbios de Heywood, así como sus obras de teatro y poemas tuvieron un fuerte auge durante los siglos XVI y XVII, por lo que resulta fácil suponer que la comparación que hace entre el satélite y el manjar amarillo se conociera bastante bien por la época. Y aunque el escritor inglés alude a un queso verde, la explicación está en el engaño que encierra una luna de queso.

Sea éste el origen o no de la idea es cierto que la relación entre estos dos elementos ha gozado en todas las tradiciones de gran popularidad, pues es tan evidente que hasta un niño que mire al cielo en la noche podría elaborarla. La luna así, circular, amarilla o blanca con sus cráteres que, vistos a distancia, lucen como los agujeros del queso se repite en el imaginario. Pero también se repite cierta idea del engaño, dice Heywood: “Tú haces las circunstancias para hacerme creer, o pensar, que la luna es de queso verde” (You set circumstances to make me believe / Or think, that the moon is made of greene cheese [sic]); sin embargo, la luna hecha de queso no es nunca un queso real, el proverbio nos lo advierte y lo mismo han hecho otros autores en otros relatos.

Existe, por ejemplo, un cuento popular, al parecer de origen español, sobre un lobo que quería devorar a una zorra pero ésta, más astuta que él, le hace creer que existe un pozo lleno de quesos, mismos que le aprovecharían mejor que ella. De esta manera, la zorra lo lleva al pozo durante la noche. Al llegar ahí, el lobo se asoma por el pozo en busca del queso y lo encuentra, tal y como lo prometió la zorra. Un enorme círculo amarillo. Palabras más palabras menos, habiendo sido engañado el lobo, éste se interna en el pozo para alcanzar aquel enorme queso, que no es otra cosa sino la luna reflejada en el agua; mientras que la zorra victoriosa se libra de ser comida esa noche. Este relato al que me refiero se llama “El lobo que cree que la Luna es queso”, y se encuentra fácilmente en internet así como en compilaciones de cuentos populares, con algunas variantes en la historia como suele suceder con los cuentos recogidos de la tradición oral.

Martín y la luna1Hace unas semanas, el Fondo de Cultura Económica me obsequió un paquete de álbumes ilustrados, dentro de éste venía un libro titulado Martín y la luna (FCE, 2013), de Sebastian Meschenmoser. El artista visual alemán, radicado en Berlín, narra brevemente la historia de Martín, una ardilla que un día “despertó al escuchar que algo había caído afuera de su casa: era la luna”. Martín, preocupado, se pregunta “¿por qué la luna, grande, redonda y amarilla, como él la recordaba, había caído justo afuera de su casa?”. Por un momento, Martín teme que alguien se la haya robado y después la haya perdido, si es así ¿culparían a Martín de ser quien la tomó? ¡Terminaría, entonces, en la cárcel!

Éste es sólo el inicio de una entretenida historia en la que el autor apostó por la literalidad, creando una luna que, a diferencia de la tradición, es efectivamente de queso. Una luna que trae consigo el latente problema de llevar a la cárcel a Martín, la ardilla, y a otros personajes que también intentarán deshacerse de ella, como Erick, el puercoespín, y Ramón, el antílope. De este modo, Martín y la luna presenta una nueva lectura del engaño que postulaba Heywood en el siglo XVI.

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