En el verano

Captura de pantalla (47)El tiempo es la unidad que el hombre ha asignado para medir la duración de las cosas, y aunque es universal, a veces parece depender de nuestra percepción. “Nada pasa tan rápido como la infancia”, dicen con añoranza algunos adultos. Si para estos, el tiempo es subjetivo, para los niños que juegan una buena parte del día, lo es aún más.

Los niños viven el año escolar a la espera de las vacaciones. Pero en invierno es por la Navidad y los regalos. Además, debido al frío, no siempre pueden jugar en la calle y tienen que andar como robots bajo montones y montones de capas de ropa. El verano es, en cambio, el mayor periodo de vacaciones, de uno a dos meses en los que las más extrañas y maravillosas aventuras pueden suceder. Por eso, me atrevo a decir, que el verano ofrece los mayores recuerdos de la infancia.

Precisamente sea esta la razón por la que tantas obras literarias, especialmente las dirigidas a los más chicos, estén ambientadas en el verano, porque es un tiempo en el que son capaces de reconocerse a sí mismos y de sentir que fueron felices. “El mejor momento de la vida era el primer día de vacaciones. El sol entraba de otro modo al cuarto. Un sol animoso, color miel, que calentaba las cortinas y hacía saber que venían dos meses sin escuela”, dice Juan, el protagonista de El libro salvaje, la novela de Juan Villoro. Sin embargo, los planes de pasar el verano jugando con su mejor amigo son sustituidos por dos meses en casa de su excéntrico y loco tío. Lugar en el que vivirá raros sucesos descifrando el poder oculto de los libros y tratando de domar un libro salvaje. Ahí conocerá, además, a Catalina, su primer amor.

“Mi amor de verano, mi primer amor…” reza una popular canción. Como podemos ver, éste es otro de los tópicos que suelen acompañar el verano, pues durante la infancia y adolescencia es en las vacaciones de verano que conocemos a personas completamente nuevas, del lugar al que vamos de visita o quienes llegan a nuestra ciudad a pasar unos días. En El niño en el hotel al borde de la carretera, de Jairo Buitrago, con unas ilustraciones preciosas de Alberto Montt, una niña se va de vacaciones con sus papás y sus abuelos. Pero ésta, en vez de salir al agua a chapotear en la alberca, prefiere quedarse en el cuarto escribiendo sobre los otros bañistas, a quienes imagina como enormes ballenas o gráciles sirenas. Desde su habitación ve por primera vez al niño que limpia las piscinas, con quien convivirá pocos días pero a quien recordará con amor hasta la vejez.

Las historias de verano son posibles sólo porque los niños están ahí, en un espacio determinado y por tiempo limitado, el lugar exótico al que fueron llevados de vacaciones, ya sea una playa o la casa de la abuela. Pues para los niños el ambiente cotidiano no es necesariamente la casa sino la escuela, y una vez fuera de ésta es que se enfrentan a un mundo desconocido. Incluso en el hogar, los adultos no están acostumbrados a tener a sus hijos en casa por tantas horas continuas, lo que también los desafía a ellos. Y sobre esto van Las vacaciones del pequeño Nicolás, de René Goscinny y Sempé. Nicolás está de vacaciones y sus papás no saben qué hacer con él. La playa parece no ser un lugar suficiente para cansarlo y que se esté quieto, aún cuando está rodeado de niños con quienes jugar. Sus papás, sin descanso, especialmente su papá que es un buenazo e incomprendido y que siempre termina cediendo a sus caprichos, deciden que en las siguientes vacaciones Nicolás irá de campamento. Este libro fenómeno está repleto de divertidas historias que vivirán tanto Nicolás como sus papás.

Si bien es un periodo de aventuras y diversión, también existe en él la calma suficiente, las noches agradables de verano, que permiten hacer volar la imaginación de cualquier niño, que cansado ya de jugar, se recuesta en el césped a mirar las estrellas e imaginar que está en el espacio. El verano es así, infinito e insuficiente, aunque nunca se marchará sin dejarnos un cúmulo de recuerdos.

11411723_10153450357893698_6307411570066488415_o*Publicado primero en revista Picnic, núm. 64, julio 2015.

 

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